Canadá ha empezado a reaccionar al creciente aislacionismo de su principal aliado, Estados Unidos, con una serie de políticas destinadas a disminuir su dependencia de Washington y a llenar el vacío internacional que deja su retirada.
Tras la sorpresa inicial de la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, Canadá se apresuró a montar una ofensiva diplomática, política y económica para ganarse el favor del nuevo inquilino de la Casa Blanca.
El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, modificó su gabinete para confrontar la nueva realidad y ordenó a sus ministros que establecieran lo antes posible vínculos con los principales actores del nuevo Gobierno de EE.UU.

















